viernes, 19 de septiembre de 2014

En el mercado de esclavos


Por María Valarini
El lugar se veía oscuro, cualquiera diría que el anochecer había llegado; sin embargo, aún era temprano en el día. El suelo rojizo y la ausencia de cualquier elemento verde, ciertamente no ayudaba en nada a que se viera mejor el lugar. El desierto se mostraba en toda su fealdad y fiereza. La rústica galera en donde se cobijaban los vendedores y los compradores vociferando alaridos de victoria; el tosco entarimado repleto de esclavos; todo contribuía al aspecto depresivo y lastimero de aquel sombrío lugar. ¡Era el día de la gran subasta en el mercado de esclavos!
Los vendedores estaban eufóricos; nunca habían tenido tantos posibles compradores, quienes por su parte esperaban con ansia el inicio de la subasta. Los esclavos –encadenados, maltrechos, sucios, demacrados, macilentos, malolientes– totalmente sin esperanzas, contribuían al  triste  panorama. Pronto se iniciaría la subasta. ¿Qué les esperaba a los vendidos?  Más tormentos, más angustias, más dolor, y sobre todo la terrible sensación de inutilidad, de las preguntas sin respuestas “¿Para qué vivo? ¿Qué hay en el más allá? ¿Eso es todo lo que ofrece la vida?”  Preguntas, muchas preguntas, pero no hay esperanza, no hay respuestas. Todo es inútil, no hay fin para el dolor, no hay fin para el sufrimiento.
Espere, espere, ¿qué es eso? ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué tanta algarabía? ¿Qué es esa luz que se acerca? ¿Quién es este hombre? Él no armoniza con el ambiente, Él no es de aquí. Sus ropas brillan en la oscuridad del día, su rostro resplandece como el sol. ¿Quién es Él? ¡Y trae dinero, mucho dinero en sus manos! ¡Este hombre! Este hombre con tanta gallardía es un comprador, ¡un comprador de esclavos! ¡Viene por todos los que están a la venta en el mercado! A todos los compra, por todos paga el precio pedido. Pero, ¿qué hace Él? Tan pronto los compra los limpia, los viste con ropas nuevas, los unge con perfume, los alimenta, les da carta de manumisión –ya no son esclavos, son libres –  y los envía a la casa de Su Padre.
¿Cómo? No puedo creer lo que ven mis ojos; no, no puede ser… ¡Hay algunos que rechazan al nuevo dueño, lo menosprecian y tienen en poco el precio pagado por ellos! ¡Prefieren seguir en el mercado de esclavos! ¿Cómo es posible? ¿No se dan cuenta que van camino a la muerte? ¡Es absolutamente increíble! ¡No quieren la libertad, pisotean sus cartas de emancipación, y maldicen al gran benefactor!
¿Hasta cuándo humanidad sufriente? ¿Hasta cuándo humanidad esclavizada? ¿Hasta cuándo humanidad avasallada rechazarás el precio pagado por ti? Ya no tienes que seguir en el mercado de esclavos, has sido declarada libre. Aprópiate de tu derecho de redención, otro lo pagó, eres libre.  
Y ahora te lo pregunto a ti. ¿Qué harás? ¿Aceptarás el pago del nuevo dueño? ¿Saldrás del mercado de esclavos? Sólo tú puedes decidir lo que harás y salir de tu esclavitud. Tu precio ha sido pagado, tómalo o déjalo. Pero decídete.  Frente a ti hay dos caminos: camino de vida para que vivas y camino de muerte que te ha mantenido y sigue manteniéndote muerto en vida. Los cielos y la tierra hoy son testigos, testigos de que han sido puestos delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y los tuyos. ¿Qué escoges? (Deuteronomio 30: 19).
Jesucristo es el nuevo dueño. En la cruz del calvario Él pagó por tu libertad, Él pagó para hacerte libre. Tan pronto oyes Su llamado y acudes a Él, saldrás del mercado de esclavos y serás llevado a la Casa del Padre. En la Casa del Padre pasas a una nueva categoría, entras como hijo de Dios y coheredero con Cristo Jesús. Este es tu destino, esta es la verdadera vida… Esta es la respuesta para tus muchas preguntas. Este es el inicio de tu vida eterna, la vida para “…que conozcas al único Dios verdadero y a Jesucristo a quién Él ha enviado…” (Juan 17: 3).


miércoles, 5 de febrero de 2014

Atalayas

Por   Robert Reyes Cabrera

"Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?" (Amós 3:7-8).

Estas palabras nos muestran dos cosas importantes: que el Señor se compromete a sí mismo a no hacer nada sin que lo revele a sus profetas, y que los profetas no son una clase especial de personas. Basta que el Señor hable, y todos profetizarán. Así pues, podemos decir que por cada cristiano hay un profeta.  Es de notar que quien dijo estas palabras es Amós, quien, en sus propias palabras, no era profeta, ni hijo de profeta. Sin embargo, él fue y profetizó. (Amós 7:14-17).


La misión de los profetas

Si nosotros miramos el Antiguo Testamento encontraremos que los profetas tenían como principal misión hacer volver al pueblo a las sendas antiguas, al buen camino. (Jeremías 6:16). Ellos se habían extraviado, así que los profetas tenían que hacerles volver al camino recto. 
¿Creen ustedes que hay cristianos que han perdido el buen camino? Si es así, entonces necesitamos la restauración del ministerio profético. No sólo son necesarios hoy los apóstoles, los evangelistas, los pastores y maestros. También necesitamos a los profetas. 

Para los judíos, el buen camino y la senda antigua, era volver a la ley. Para nosotros, el buen camino y la senda antigua es Jesucristo. ¡Hay cristianos que han perdido el camino, han perdido a Jesucristo! Qué paradoja: en medio de la cristiandad hay cristianos que perdieron a Cristo. En medio de los cultos, de las alabanzas, de las predicaciones, en medio de los encuentros masivos, ¡hay cristianos que han perdido a Cristo! El Señor restaure, por tanto, el ministerio profético, para que muchos puedan encontrar lo valioso que han perdido, y desechar lo vano que han hallado. Desechar esa paja, ese oropel inútil, para encontrar, o reencon-trarse, con Cristo.

Los peligros que acechan

Los profetas antiguos y los profetas de ahora enfrentan algunos peligros. ¿Su seguridad personal? La mayoría de los profetas fueron trágicamente muertos ... Pero no es eso. El mayor peligro que acecha contra nosotros es, como lo fue para ellos, suavizar el mensaje, por conveniencia o por temor. Como aquellos profetas “que han endulzado sus lenguas”, que han acomodado su mensaje. (Jeremías 23:31).
Muchos profetas no querían ser odiosos ni antipáticos. Entonces ellos le predicaban paz al pueblo, aunque sus caminos fueran torcidos. Ellos no miraban por los intereses de Dios: miraban por sus propios intereses. Ese es un problema que afectaba a muchos profetas en el pasado, y a los de ahora también. La gran mayoría de los profetas ‘oficiales’ profetizaban mentiras, para ganar el favor del rey. 

¡Cómo se necesita hoy profetas que no busquen congraciarse con sus auditorios, que no busquen hacer ganancia con la palabra de Dios, sino que sean fieles a lo que el Espíritu Santo está hablando! La profecía oficial en Israel fracasó. Y los pocos profetas verdaderos fueron desoídos. ¿Fracasaremos nosotros también?

Todo profeta es un atalaya

Todo profeta es un atalaya. Un atalaya es un vigía que se ubica sobre los muros de una ciudad. Él tiene una posición privilegiada. Él ve a la distancia a muchos kilómetros, y también ve cómo transcurre la vida cotidiana dentro de los muros. Está puesto allí para que vea cuando viene el peligro, y advierta a los desprevenidos. 

Desde el 11 de septiembre de 2001, urge que los profetas de Dios hagan oír la trompeta más fuerte que nunca. El mundo fue conmovido, conmocionado ese día. Desde entonces, el mundo sintió que perdió la frágil seguridad que tenía. Creo que la gente, después del 11, está más dispuesta a escuchar; y aun si no quisieran escuchar, es necesario hacerlos responsables a ellos, porque cada persona tiene sus propias torres gemelas. Toda persona tiene un motivo de orgullo, un motivo de gloria. Y va a llegar un día en que Dios las va a derribar. Los juicios de Dios vienen, porque la humanidad se ha corrompido y porque la cristiandad ha apostatado.

Es necesario que los profetas conozcan las señales de los tiempos. El Señor recriminó a los fariseos, porque ellos sabían cuando iba a llover, o cuando habría buen tiempo, ¡pero no sabían distinguir las señales de los tiempos! (Mt. 16:3). ¿Cuántos cristianos están reconociendo hoy las señales de los tiempos a la luz de la Palabra, mirando alrededor, en las cosas que suceden?

Hay una reprensión del Señor en Isaías 56:10-11 a los atalayas inútiles. Ellos son atalayas ciegos, ignorantes, dormilones, insaciables. No saben tocar la trompeta. Amados hermanos, que el Señor no tenga que decirnos así a nosotros.

Llamamiento y comisión de un atalaya

Revisemos el capítulo 1 y 2 de Ezequiel para ver cómo Dios llama a un profeta. Lo primero que ocurre aquí es que Dios se revela a Ezequiel. Dios le muestra su gloria. Hay aquí querubines, ruedas, movimientos extraños... Pero en el versículo 26 aparece un trono y Alguien sentado en el trono. ¿Te suena familiar eso? Ezequiel vio un trono, y a uno sentado en el trono. Y ese que estaba sentado en el trono tenía –dice– una semejanza que parecía de hombre. ¿Podríamos aventurarnos a decir que era el Señor Jesucristo? Tenía una semejanza de hombre. El Padre no tiene expresión física, pero sí el Señor Jesucristo. Así, pues, el Señor Jesucristo se le revela a Ezequiel. Por tanto, lo primero es la revelación que él hace de sí mismo. ¿Cómo podría ir uno a hablar de parte de Dios si nunca ha visto a Dios? Pero si tú lo has visto, hermano, tú puedes profetizar. 

Luego, Dios llama al profeta y lo envía a los hijos de Israel: “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos”. Dos cosas quedan claras aquí: que ellos son rebeldes, y lo otro, que él debe ir pese a ello, para testimonio. El Señor le advierte tres veces a Ezequiel que tal vez no le escuchen (2:7; 3:11). El Señor estaba preparando a Ezequiel, porque se encontraría con dificultades.

Y luego, Dios instruye a Ezequiel para que reciba la palabra de Dios en sus entrañas y en su corazón (3:3,10). Aquí no se dice que tiene que recibirlo con la mente. Es un grave problema cuando la palabra de Dios es objeto de disección intelectual, o cuando acomodamos los pensamientos de Dios a nuestros propios pensamientos. Si hay algo en lo cual debemos ser fieles es en retener la palabra tal cual ha sido oída. Las entrañas y el corazón son ese lugar íntimo, profundo, donde está el espíritu nuestro unido al Espíritu Santo.
Luego tenemos la encomienda para el atalaya, que es tocar la trompeta cuando viene la espada. Si él no toca cuando viene el peligro, es responsable de los que perezcan.

Mensaje al impío

El mensaje del atalaya no sólo va dirigido al impío (Ezequiel 33:8), sino también al justo (33:13). Esto puede ser novedoso. Podríamos pensar que sólo los impíos necesitan escuchar el evangelio. Pero también el pueblo de Dios necesita oír al Señor.

¿Qué le diremos al impío? Según Ezequiel 33, el impío debe ser notificado de que si no se aparta de su maldad, él morirá. Tenemos que notificar a los hombres que su estado actual es de condenación, que van derecho al infierno. Ustedes se habrán dado cuenta que ya no se predica mucho del infierno. No es un tema agradable. Hoy día se predica el evangelio a gusto del consumidor, un evangelio ‘light’. Sin embargo, ellos deben saber que su destino es el infierno, ¡su destino son las llamas eternas!

Siempre estamos hablando del Dios de gracia, del Dios de misericordia. Pero tenemos que decir que viene el día en que Dios manifestará su ira sobre todos los hombres impíos, sobre todos los que hablaron palabras duras contra él. ¿No dicen así las Escrituras? (Judas 15). Nosotros necesitamos llenarnos de valor para notificarle al impío cuál es el fin de su camino, a la vez que le testificamos de la salvación que hay en Cristo Jesús.

El gran mensaje a los justos

¿Cuál es nuestro mensaje a los justos? Hermanos, el gran mensaje que necesita oír el pueblo cristiano es un mensaje que causa extrañeza con tan sólo mencionarlo. ¿Cuál será el gran mensaje que necesita el pueblo cristiano hoy, el pueblo cristiano, en Temuco, en Chile, en Latinoamérica, y en todo el mundo? Éste, que resumimos en una sola frase, tomada de la carta de Pablo a Timoteo: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. (2ª Timoteo 2:8).

¿Pablo diciéndole eso a Timoteo? Parece fuera de lugar. ¿No era Timoteo un hombre de confianza? Sí, lo era. Pero el tiempo en que él estaba viviendo era un tiempo de apostasía. Comenzaban los cristianos a dispersarse detrás del mundo y de sus huecas filosofías. Entonces Pablo tiene que recordarle a su amado hijo en la fe: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. Hoy es lo mismo. Muchos lo están olvidando. Hay programas que lo reemplazan, hay corrientes, hay sistemas, hay tradiciones tan metidas dentro de la cristiandad ¡que Cristo está sobrando! ¡Cristo está de más! Un profeta contemporáneo nuestro dijo en una ocasión: “Cristo es el personaje más indeseable, no sólo en el mundo, sino dentro de las catedrales, en los seminarios, en los ambientes más ortodoxos”.

“¡No te olvides de Jesucristo!”. “¡Acuérdate de Jesucristo!”. Ese es el gran mensaje que tenemos que decir al justo. Pero, claro, decirlo así tan torpe y sencillamente, tal vez no baste. Tal vez haya que ir al detalle y empezar a desmenuzar todas las cosas con que los justos se entretienen y que han dejado fuera a Cristo. Si no, tal vez no lo vean. 

La gran advertencia

También hay una gran advertencia que tenemos que hacer a los justos en este tiempo.
La Escritura dice que hay dos señales que van a ocurrir antes del tiempo del fin y que tienen que ver con los cristianos. Una, es que la iglesia va a ser restaurada. La restauración de todas las cosas antes que el Señor Jesucristo venga está anunciada en Hechos 3:21. Y la otra señal es la apostasía.(2ª Tesalonicenses 2:3). Por un lado, la restauración, y por otro, la apostasía. Los cristianos de hoy caminan como sobre una cuerda floja, la cuerda floja de la tibieza, del relajamiento. A un lado de esa cuerda floja está el abismo de la apostasía, y al otro lado hay un camino estrecho, hay una puerta angosta: la restauración de la iglesia.

¿Se acuerdan de las palabras del Señor sobre la puerta estrecha y la puerta ancha en Mateo 7:13? Vamos a usar ese símil para explicarlo. Para los cristianos, el camino ancho es la apostasía. En tanto, la puerta estrecha y el camino angosto es la restauración. Por supuesto, el camino ancho es fácil; en cambio, la puerta estrecha cuesta encontrarla. Muchos cristianos hay que no han encontrado la puerta hacia la restauración. Pero cuando uno la encuentra, entonces, el corazón desborda de gozo. Y uno dice: “¿Y cómo es que estuve tanto tiempo esclavizado, sediento?” Ahora ha visto al Señor glorificado y ha visto la iglesia tal como Dios la quiere tener.

Dos opciones para los cristianos

Hay un libro de David Wilkerson que se llama “La visión”. Fue publicado en la década del 70. Voy a citar algunos fragmentos de este libro para ilustrar estos dos caminos, el de la apostasía y el de la restauración. 

“Veo la formación –dice Wilkerson– de una súper iglesia mundial que consistirá en una reunión entre los protestantes ecuménicos liberales y la iglesia católica romana, que se unirán políticamente de la mano creando una de las más poderosas fuerzas religiosas en la tierra. Esta súper iglesia mundial será espiritual sólo de nombre, y usará desembarazadamente el nombre de Jesucristo, pero de hecho será anticristo y política en muchas de sus actividades”. En esta súper iglesia –agrega– se admitirán homosexuales y lesbianas, habrá danzas de desnudos, habrá prácticas ocultas, etc, etc. Muchas de esas cosas ya están sucediendo en nuestros días. En Europa especialmente hay ministros homosexuales ordenados, hay ministros divorciados ordenados y hay lesbianas que ocupan altos puestos en la dirigencia de algunas denominaciones internacionales.

Pero también, noten lo que va a ocurrir en forma paralela a eso, y que ya está ocurriendo: “Veo una grande y sobrenatural unión de todos los verdaderos seguidores de Jesucristo, reunidos por el Espíritu Santo y una común confianza en Cristo y su palabra. Esta iglesia sobrenatural de creyentes bíblicos llegará a ser una especie de confraternidad clandestina e incluirá a católicos y protestantes de todas las denominaciones. La misma congregará a jóvenes y viejos, negros y blancos, y a gente de todas las naciones”.

“Al tiempo que la súper iglesia visible adquiere poder político, esta iglesia sobrenatural invisible ...” –(¡invisible a los ojos del mundo, pero visible para Dios!)– “... crecerá tremendamente en poder espiritual. Este poder vendrá de la persecución. La locura de persecución que vendrá sobre esta tierra llevará a estos cristianos a unirse más estrechamente entre ellos mismos y a acercarse más a Jesucristo. Se les dará menos importancia a los conceptos denominacionales y más énfasis al retorno de Jesucristo”.

“Muchos no me creerán –dice Wilkerson– pero yo veo venir el día en que muchos protestantes así como católicos deberán ‘salir de en medio de ellos’. Estos nuevos cristianos no se llamarán a sí mismos ‘protestantes’ o ‘católicos’, sino simplemente ‘cristianos’ ... Su confraternidad no estará basada en la experiencia de hablar en lenguas, sino que estará centrada en el Padre y en su Hijo Jesucristo”.

Y, para terminar... “Sufriendo persecución y consciente de las señales de los tiempos, un ejército de verdaderos seguidores de Jesús seguirá surgiendo como comandos. Serán parte de una iglesia subterránea a la cual veremos predicando el retorno de Cristo y el fin de los tiempos. Serán como una espina en el costado de la iglesia ramera, y producirán remordimiento y comezón en las conciencias de los hombres por su devoción y poder espiritual”.

¿Notan ustedes los dos caminos? Está la apostasía –muy pública–, y está el camino de la restauración –en forma casi anónima, clandestina– . La restauración final de la iglesia no va a tener una gloria a la manera de la iglesia de Jerusalén en Pentecostés. Va a ser una restauración subterránea, secreta, en ambientes pequeños, en cuevas, y en lugares apartados. Cuando venga la persecución, ella será invisible para el mundo. Pero cuando uno asome la cabeza allí, ¡verá la gloria de Dios!

Tres condiciones y tres mensajes

Esta es la gran advertencia, y ahora veremos cuáles son los tres mensajes específicos.
En el Antiguo Testamento, Dios escogió a tres profetas para que llevaran mensajes a tres distintos grupos de judíos en los días en que el reino cayó en manos de Nabucodonosor. Dios envió a Jeremías a Egipto, para que advirtiera como atalaya a los que habían escapado a Egipto. Luego escogió a Ezequiel para que fuera a Babilonia y allí le compartiera a los cautivos deportados, y escogió también a Daniel para que llevara un mensaje profético para el fin de los días, un mensaje dado a un hombre amado por Dios, para que a través de él los amados de Dios lo pudieran conocer.
Hay tres condiciones en que están los cristianos hoy día. Estas tres condiciones están representadas por aquellos tres profetas hebreos y por los destinatarios de sus respectivos mensajes. Son tres condiciones distintas y con tres necesidades diferentes. Y ellos necesitan tres mensajes también adecuados a su necesidad.

Los cristianos secularizados

Hay cristianos que están en Egipto, en el mundo. Ellos se han escapado, ellos han huido. Jeremías tuvo que ir a Egipto por causa de esos a los cuales Dios quería hablarles. Si ustedes leen los capítulos 43 y 44 de Jeremías van a encontrar cuál fue su ministerio allí. 

Los cristianos de hoy que están en Egipto también necesitan escuchar un mensaje. ¿Qué les diremos a ellos? Muchos cristianos piensan que el mundo no es tan malo. Hay cristianos que ignoran que el mundo entero está bajo el maligno; que el sistema del mundo está gobernado por Satanás, y que la política, que la economía, que la educación, están indefectiblemente envenenadas. Los cristianos que ignoran esto se dejan deslumbrar por las atracciones del mundo. Y muchos de ellos van al mundo y se dedican a la política, o bien se transforman en ecologistas, o en economistas, para tratar de mejorar el mundo.

Ellos intentan redimirlo, salvarlo desde adentro. Pero, ¿qué ha ocurrido? En vez de mejorar al mundo, el mundo los ha atrapado. Ellos han dejado al Señor y han adoptado a los nuevos dioses del mundo. 
Tenemos que decirles a los cristianos que están en Egipto que ellos tienen que salir de allí. Tenemos que decirles lo que Pedro les dijo a los judíos el día de Pentecostés: “¡Sed salvos de esta perversa generación!”. ¡Tenemos que decirles a los cristianos embaucados por el mundo que ese es un banco que está destinado a la quiebra, que ese es un barco que va a naufragar! ¡Que sobre el mundo caerán los juicios de Dios, que no se inviertan allí, que no le dediquen sus mejores días al mundo! 
¡Desencantémosles del mundo! Que no tengan metas tan bajas como construirse una situación en el mundo. ¡Digámosles que ese no es el camino de Dios!

2ª Timoteo nos muestra el tiempo de la apostasía, prefigurando la que había de venir. Allí está un Demas, un Alejandro y otros que han apostatado de la fe, amando el mundo. Wilkerson, en “La Visión”, habla de tres grandes tentaciones que los cristianos van a recibir en los tiempos del fin, y creo que van a afectar principalmente a estos cristianos secularizados: la inmoralidad sexual, la prosperidad, y el relajamiento en las costumbres. ¡Cuántos cristianos hay bebiendo whisky, sentados frente a una pantalla de 50 pulgadas, y riéndose alegremente! ¡Cuántos de ellos se quedarán cuando el Señor venga a buscar su iglesia! 

La victoria sobre el mundo

Nosotros tenemos en gran estima la revelación que el Padre nos ha dado acerca del Señor Jesucristo. Hermanos, ¿cómo dice esa revelación? Dice: “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mat.16:16). Ahora bien, si tú miras 1ª de Juan capítulo 5, vas a encontrar que todo el que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (v.1), y que todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios, ¡vence al mundo! (v.5). ¿Te parece oportuna esa fe, hermano, en medio de la avalancha que se nos viene encima? ¡Los que han nacido de Dios, vencen al mundo! Cuando venga el diablo con tentaciones, con sugerencias, dile simplemente eso: ¡Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios!

La revelación a Pedro fue bien específica: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y luego que se le reveló esto, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. ¿Cuál roca? ¡Cristo revelado y confesado, esa es la roca! No nos cansaremos de decirlo. Lo seguiremos declarando y confesando, y lo enseñaremos a nuestros hijos: ¡Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente! Y luego el Señor agregó, como para reafirmar más nuestra fe: “Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (la Iglesia)” (Mt. 16:18) ¡Aleluya, gloria al Señor!

Los que están en el cautiverio

Luego, los cristianos que están en el cautiverio. Ezequiel fue enviado a Babilonia como atalaya. Siendo Babilonia la cuna de todas las religiones paganas que hay sobre la tierra, ella representa la confusa maraña religiosa en que se ha convertido el cristianismo tradicional y que ha sofocado la vida y el testimonio de Dios.

No obstante, Dios tiene allí también pueblo. Hay allí también amados hijos de Dios, y hay un mensaje para ellos. Ellos tienen que ser advertidos con amor, pero con claridad. Ellos están más expuestos que nadie al peligro de las tres ‘T’.

El peligro de las tres T

Ustedes saben que el judaísmo, como religión, tenía tres pilares, la Torá (la ley), el templo y el Talmud (la tradición). Estas tres palabras empiezan con T. El judaísmo tenía esos tres pilares, y toda religión que se precie de tal también las tiene. Es decir, tienen un libro sagrado, un lugar sagrado y un sistema de tradiciones. Lo peor del caso es que el cristianismo también ha copiado esto del judaísmo, y se ha apropiado de estas tres T. 

El cristianismo tradicional tiene su Torá, es decir, su Biblia. Se celebran días de la Biblia, y se le rinde casi pleitesía al Libro. Pero el Señor les dijo a los judíos: “Ustedes escudriñan las Escrituras porque les parece que en ellas tienen la vida eterna, y no quieren venir a mí para que tengan vida”.(Juan 5:39-40). ¡No es en el libro, sino en Cristo que está la vida! Pero muchos cristianos parecen no saberlo todavía. Ellos tienen en gran estima la Biblia, pero el hecho de que Cristo no esté entre ellos pareciera no preocuparles mayormente. 


La otra T es el templo. En el Antiguo Pacto, Dios habitaba en un templo. Sin embargo, ya no habita más en templos. ¿Y por qué, entonces, los cristianos siguen el modelo judío, y todavía levantan templos para que Dios habite ahí? Cuando ellos se van para la casa, dicen: “Señor, acompáñanos”. ¡Como si Dios se quedara en el templo y ellos se fueran vacíos para la casa! ¿No es eso una ignorancia terrible? ¿Cómo te sentirías tú si, después de una reunión de la iglesia, te fueras vacío, sin el Señor, para la casa? ¡Es la mayor desgracia!

Cristo vino a vivir en nosotros, para nunca más irse. Y nosotros, el cuerpo de Cristo, ¡somos el verdadero templo! ¡Dios no habita ya más en templos hechos por manos humanas! ¡Él habita en un templo más cálido, más acogedor, que es la iglesia del Dios vivo, edificada sobre el firme fundamento de los apóstoles y profetas, y cuyas piedras vivas son nuestros corazones!

La tercera T es el Talmud, es decir, la tradición oral, que también ha venido a engrosar nuestro sistema de creencias. Entonces, cuanto más antigua sea la denominación, el talmud de ellos será más grande. Como tienen doscientos o trescientos años de historia y esa historia la tienen metida en libros, a la hora que quieren saber cuál es el próximo paso que tienen que dar, ellos consultan su talmud.

Los cristianos que están en el cautiverio, que están aferrados a su Torá, a su templo y a su talmud, tienen que ser advertidos. Ellos están enclaustrados en sus templos, en sus estudios bíblicos sin revelación, en una tradición religiosa, amparados bajo la sombra de una buena doctrina o de un hombre eminente del pasado. Por eso el Señor no puede moverse entre ellos, no los puede conducir. La organización y la rutina suplantan al Señor. 

Pudiera parecer, sin embargo, que nosotros lo estamos haciendo bien, que ese no es nuestro problema, pero nuestra mirada es subjetiva, y de tanto ver nuestras deformidades, nos acostumbramos a ellas. Por eso, necesitamos tener el oído atento, para que el Espíritu nos hable por la Palabra. Y también tener el oído atento a la observación de otros santos de Dios. Para que todo lo que ellos vean, y que es menos que Cristo, nos lo hagan saber. Necesitamos el juicio, necesitamos el escrutinio de otros siervos de Dios. No sea que nos pase como aquel vanaglorioso que se miraba en el agua y se encontraba tan hermoso.

Hermanos, la iglesia no existe para mirarse a sí misma. ¡Es para mirarlo a él! ¡Es para glorificarlo a él! A veces hablamos demasiado de la iglesia. Hay demasiados mensajes sobre la iglesia, hay muchos libros sobre la iglesia. ¿Saben? Nosotros no somos los encargados de hablar tanto de la iglesia. La novia no habla de sí misma, ¡habla de él! ¿Se acuerdan del viaje que hicieron el siervo de Abraham y Rebeca? ¿De qué creen ustedes que hablaban en el camino? ¡Hablaban de Isaac, el novio que esperaba! Lo que hacía el criado era hablar de Isaac y sólo de Isaac. De tal manera que al final de ese trayecto, la novia iba tan enamorada de Isaac que no le costó amarlo ¡apenas lo vio...! Creo que el Espíritu Santo está hablándonos de Cristo para que cuando lo veamos, ¡nos rindamos delante de él!

El mensaje al remanente fiel

Y para terminar, hay un tercer mensaje a los hijos de Dios, a los amados y fieles. Creo que el ministerio de Daniel representa a estos siervos de Dios y el mensaje de Dios para ellos. ¿Saben, hermanos? –y esto lo voy a decir con harto cuidado para que nadie se envanezca–. Hoy, tal como también lo dice Wilkerson, hay un remanente sobre la tierra. Un remanente escogido por gracia. ¡Todos los remanentes a través de la historia son escogidos por gracia! 

Ellos son amados de Dios. Ellos, al igual que Enoc, caminan con Dios, y en algún momento van a ser arrebatados. Su comunión con Dios es tan íntima que Dios se los va a llevar. Llegará el día en que los amados de Dios van a ser raptados. Estos santos y amados saben que, sin él, no son nada. Han probado el fracaso, han estado en el polvo de la tierra. Pero son “amados, y escogidos y fieles”.

Pero hay un mensaje también para los amados: ¡Cuidado con la confianza en su propia justicia, como dice Ezequiel 33:13! ¡Cuidado con confiar en que ustedes son Filadelfia! ¡Cuidado con confiarse en que tienen la revelación del Padre acerca de Cristo! Cuidado, que pueden resbalar. “Si alguno piensa estar firme, mire que no caiga”. El mucho conocimiento de los misterios de la palabra, puede hacer que el corazón se llene de presunción y de vanidad. Hay algunos amados de Dios que han caído en esto, y hoy se han transformado en Laodicea, diciendo: “No tenemos necesidad de nada.”

Lo peor que pudiera pasarles es que por tener tanta riqueza pudieran envanecerse. Y porque tienen la justicia de Dios imputada pudieran vivir impíamente, coqueteando con el pecado, pensando que porque son amados, Dios va a tener tratos especiales con ellos. ¡Ay! ¡Cuidado con ese peligro! Pudieras tú cometer un pecado y a lo mejor con temor esperar el juicio de Dios, pero al no llegar el castigo, entonces dices: “Parece que Dios tiene tratos especiales conmigo”. Y te deslizas y pecas de nuevo; y como tampoco vino la mano de Dios, entonces te relajas un poco más. ¡Oh, pero en algún momento, y de pronto, ¡viene el golpe! Y entonces te das cuenta que Dios no tiene tratos especiales contigo. Dios no tiene tratos especiales con ningún hombre. Sus principios son eternos. ¡Él aborrece el pecado, cualquiera sea su forma!

Así que, ¡no te relajes! ¡No te confíes! Que no desaparezca el temor de Dios. Luego que caminamos un poco en la vida cristiana, podemos apreciar lo que es el temor de Dios. Y ahora entendemos mejor que “el principio de la sabiduría es el temor de Dios”.

¿Eres amado? ¡Sí! Pero, ¡cuidado, teme también! ¡Teme, teme a Dios! Tú tienes que decir como el salmista en el salmo 119:120: “Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo”. ¡Señor, de tus juicios tengo miedo! ¡Líbrame! ¡Háblame a tiempo, persuádeme a tiempo! ¡Yo no quiero caer, tengo miedo! ¿Eres un amado, escogido y fiel? ¡Tiembla, tiembla! Mucho se te ha dado, mucho se te va a demandar. 

Así, pues, como atalayas tenemos un mensaje para los cristianos secularizados, para los cristianos cautivados en Babilonia y también para los amados y fieles.

¿Qué haremos?

El panorama descrito nos permite visualizar diversos campos de acción para los profetas de Dios que desean tomar parte en su obra. Dios está llevando adelante su propósito, no nos quepa la menor duda. Y para realizarlo, Dios usará a los que estén dispuestos para ser usados (2ª Tim.2:20-21). 

En tiempos de crisis y de apostasía, como los que ya estamos viviendo, hay dos actitudes que los hijos de Dios pueden asumir: la de Noé o la de Lot.
Mientras Noé preparaba el arca para salvarse él y su casa, no estuvo callado. Las Escrituras dicen de él que fue “pregonero de justicia” (2ª Pedro 2:5). Un pregonero es uno que da un pregón. Y un pregón es, literalmente, “la publicación que se hace de una cosa en voz alta y en público”. Nadie puede ser un pregonero secreto. Noé no se calló el anuncio que Dios le había dado, sino que lo pregonó en voz alta y a todo el que quisiera oírlo.

La actitud de Lot, sin embargo, fue muy diferente a la de Noé. Lot sufría por la depravada conducta de sus paisanos, y se sentía abrumado (u oprimido) por ella, pero no fue un atalaya para ellos. La debilidad de Lot contrasta con la fortaleza del testimonio de Noé. Lot no fue un vencedor.

¿Cuál será nuestro modelo? He aquí hay dos claramente diferenciados. Pidámosle a nuestro bendito Dios que nos conceda el privilegio de servirle, aunque sea en una pequeñísima parte, en su obra. Para que Su obra sea nuestra obra.

sábado, 15 de diciembre de 2012


Nadie te podrá amar como Jesús te ama
Por Nelson Ned
El corazón humano no tiene la capacidad de dar el amor que tú necesitas para ser feliz. La limitación del corazón humano es grande, pues él no puede hacer nada por sí mismo. Él siempre dependerá de otro corazón, que lo ayude y que igualmente le ame para que él pueda también ser feliz.
En esas condiciones, el corazón humano está siempre sujeto a las limitaciones de algún otro, a veces hasta más débil y mucho más carente que nuestro propio corazón, aumentando así, cada vez más, el círculo vicioso de la infelicidad.  Un carente busca a otro carente, un frágil se apoya en otro frágil en la esperanza de que cada uno le dé al otro la felicidad que ambos no tienen. El resultado de eso es la caída, pues nos estamos apoyando en algo sin sustentación en sí mismo.
De la misma forma, cuando alguien quiere hacer de nosotros su fuente de felicidad colocando en nuestras manos su enorme necesidad de ser feliz y nosotros, tú y yo, que también estamos necesitando desesperadamente de felicidad nos sentimos confusos e impotentes. 
Es en ese momento de angustia y soledad, que debemos recordar aquella frase: “Jesús te ama”. Si, Jesús te ama y con un amor que nace no del corazón humano, sino del corazón de Dios. Nadie te puede amar como Jesús te ama. ¡Simplemente, porque Jesús no tiene amor, Él es amor! El verdadero amor que no puede ser encontrado en el corazón humano porque viene de lo alto, es espiritual, sobrenatural, sagrado. Jesús no esperó ser amado por ti para amarte. Él ya te ama ahora, ayer, mañana y siempre. Su divino amor no establece condiciones o imposiciones para amarte.
¡Jesús te ama como tú eres! Para Él no eres feo o hermoso, grande o pequeño, blanco o negro, rico o pobre, joven o viejo, pues Jesús no mira tu apariencia, sino que mira tu corazón. Y es ahí, en tu corazón, que Él quiere habitar para lavar tus heridas, eliminar  toda amargura, secar tus lágrimas y limpiar las cicatrices de tu alma, solo porque tú eres sumamente importante para Él. El corazón humano no tiene la culpa de ser limitado. Si alguien no te dio la felicidad que esperabas, es porque nadie te puede dar aquello que no tiene. 
Pero cuando tú aceptas recibir en tu corazón ese amor que perdona, ese amor que no cobra, ese amor que da la paz, la alegría, tu corazón humano será transformado en un corazón espiritual, pues en él habitará el amor de Jesucristo.
Entonces, tú comenzarás  a ver, a perdonar y a amar como Jesús. Y finalmente, encontrarás aquello que tanto buscas: la felicidad. Pues, solo el amor de Jesucristo tiene la capacidad de suplir todo lo que necesitas para ser feliz. Créame, nadie te puede amar como el Señor Jesús te ama.

lunes, 9 de julio de 2012

Reflexiones: marcha del orgullo gay y de putas por Clarence C. King


El artículo que sigue ha sido publicado en La Estrella de Panamá y escrito por Clarence C. King. Felicito al sr. King por el valor de asumir su opinión sin el temor al que dirán. E igualmente felicito al periódico que se ha atrevido a publicar una reflexión “políticamente incorrecta”.
Hoy día se necesita mucho valor para manifestar que nosotros todavía llevamos en cuenta la moral, la dignidad del ser humano, y que no nos escondemos detrás de opiniones de otros, quienes exaltan todo lo malo llamándolo bueno.
Nadie andaría lleno de prendas en un lugar considerado “área roja”, se cuidaría de los asaltantes. Y nadie se molestaría si le dijeran “no ande por allí con prendas, vas a provocar a los maleantes”. Nadie contestaría “¿Y a ti qué te importa? Yo uso mis prendas donde quiera y que nadie se meta con ellas”.
Los hombres se estimulan por lo que ven, ¿así que es justo decir que ellos son “lujuriosos” solo porque son estimulados por mujeres provocativas? El que así se expresa demuestra que no conoce las características masculinas y femeninas que diferencian a hombres y mujeres. Las mujeres no piensan como los hombres, ni los hombres piensan como las mujeres.
¡Ojalá en Panamá y en el mundo se levantaran más Clarences Kings, quienes sin temor expresen lo que siente la mayoría silenciosa de las naciones.
¡Felicitaciones sr. Clarence, siga adelante!
Reflexiones: marcha del orgullo gay y de putas
2012-07-09 — 12:00:00 AMQUE ALGUIEN ME ILUSTRE. No sabía que declararse puta, vestir como tal y desfilar por las calles ayuda a que respeten a las mujeres y sus derechos. Por más que intente, no veo el sentido a esa novedosa y revolucionaria estrategia. Pero ahora es de ‘retrógrados’ pedir decencia y moralidad. Ahora es de ‘reprimidos sexuales’ pedir un poquito de pudor a las mujeres. Es de machista que el hombre pida menos osadía y exhibicionismo en el atavío de calle de las mujeres.

No; eso es el pasado. Ahora declararse puta o ser gay es la moda. Ahora ser libertino es el nuevo dictado de la razón; y la inmodestia se justifica en pos de la libertad humana. Mientras tanto, maricas y putas siguen marchando y exhibiéndose por nuestras calles declamando con frivolidad y a todo pulmón: ‘soy puta’ o ‘soy gay, ¿y qué?, acostúmbrense’.

Lo cierto es que no veo ni el sentido ni la igualdad que reivindican. Es necesario tener claro los conceptos por los que se ‘lucha’ antes de salir a ‘defenderlos’; si no, ¿a qué se juega con esa ‘escandalización pública’?

Si esa marcha de putas, aunque en ridícula o provocadora circunstancias busca, con su alarde de intenciones, el respeto hacia las mujeres que quieren o tienen la necesidad de lucir sus cuerpos o pasear por las calles con el alma desnuda sin que una manada de lobos ‘aúlle’ o ‘babee’ y sin ser objeto de acoso verbal o quizás físico, me parece utópico.

Se habla mucho en contra del ‘machismo’, pero poco se dice de la doble moral del ‘feminismo’, que solo busca aceptación social a sus caprichos, filtrando toda la gama de relaciones interpersonales entre el hombre y la mujer a través de políticas sexuales y de confrontación, y al mismo tiempo buscando evadir las responsabilidades que conlleva el ejercicio de cualquier libertad.

De lo que se trata es la manipulación de masas. Crear una guerra de sexos, destruir la familia como núcleo social y promocionar la homosexualidad y el lesbianismo.

Esa marcha y despliegue mediático es una farsa, porque las putas prestan un ‘servicio público’. Trabajan por dinero y su especialidad es el sexo, vestir provocadoramente para excitar e incitar. No sé de qué se quejan si alguien las mira, fantasea sobre ellas y les llega con insinuaciones sexuales y las quiere examinar o probar. Nadie alquilaría sus servicios si no le gusta lo que ve y siente. Pero quejarse de ser tratadas como putas y luego ir pregonándolo orgullosas en acto público y haciéndose las ofendidas, me parece incongruente.

Por otro lado, enfrentar la falsa doctrina de la homosexualidad como algo benigno es necesario. Es obvio que la condición homosexual es una variante anormal de la sexualidad humana y sus promotores tienen un total desprecio por la concepción cristiana de la familia y han contribuido a crear un ambiente hostil y agresiva en contra de la Iglesia Católica. Los homosexuales tienen que preguntarse si sus comportamientos, hábitos y actitudes están contribuyendo a construir en ellos una mejor autoestima o si les están debilitando como persona.

Los modales, los espectáculos deplorables y comportamientos son un lenguaje influyente en la actitud de los demás, y cosechan en la gente actitudes sarcásticas y burlón, de enojo y falta de simpatía del cual nunca se acostumbrarán. Pero esa alta exposición al sexo y a la sexualidad y la promoción de la homosexualidad en nuestra sociedad puede ser el próximo ‘calentamiento global’, porque nos acercamos a una era mecánica del sexo y porque nuestros hijos están observando y aprendiendo.

Los homosexuales y lesbianas viven en un mundo negativo y deprimente, cuando todos los demás han elegido un mundo positivo y de oportunidades. Aunque se trata del mismo mundo, ellos con sus actitudes, comportamientos y vicios han atraído la infelicidad.

Nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino y circunstancias. Nosotros mismos nos encargamos de construirnos o destruirnos. Los homosexuales se darán cuenta de que están donde están por decisión propia.

PLANIFICADOR JUBILADO.

viernes, 6 de julio de 2012

Tengo 63 y estoy cansado por Robert A. Hall


Lo que leerán a continuación es un escrito que está circulando en Internet y por medio de correos electrónicos y dicen que el autor es Bill Cosby. Me puse a investigar y el verdadero autor del texto es Robert A. Hall, veterano de la guerra de Vietnam. Lo escribió en marzo del 2010. 
La verdad es que este texto merece ser leído y hasta comentado en diferentes círculos, a fin de que comencemos a llamar las cosas como son, y no con epítetos "políticamente correctos", mientras seguimos llamando a lo malo bueno y a lo bueno malo.

Tengo 76 (63) y estoy cansado. Excepto por un breve período en los años 50, cuando yo estaba haciendo mi Servicio Militar, he trabajado duro desde que tenía 17.

A excepción de algunos graves problemas de salud, mis últimas semanas han sido de  50 horas, y no llamé a nadie para decir que estaba enfermo en casi 40 años. Tuve un salario razonable, pero no heredé mi trabajo o mis ingresos, y he trabajado para llegar a donde estoy. Teniendo en cuenta la economía, parece que la jubilación no fue mala idea, y estoy cansado. Muy cansado.

Estoy cansado de que me digan que tengo que "repartir la riqueza" a las personas que no tienen mi ética de trabajo.

Estoy cansado de escuchar que el gobierno tomará el dinero que ganaba, por la fuerza si es necesario, y dárselo a la gente demasiado perezosa para ganarlo.

Estoy cansado de que me digan que el Islam es una "religión de paz", cuando todos los días puedo leer decenas de historias de hombres musulmanes que matan a sus hermanas, esposas e hijas por el "honor" de la familia; de disturbios musulmanes por algunas leves ofensas; de asesinatos por musulmanes a cristianos y judíos, porque no son "creyentes"; de musulmanes quemando las escuelas para niñas, de musulmanes lapidando a pedradas a adolescentes víctimas de violación, de muertes por "adulterio", de musulmanes mutilando los genitales de las niñas, todo en nombre de Alá, porque el Corán y la Sharia se los indica.

Estoy cansado de que me digan de "la tolerancia hacia otras culturas"; que debemos dejar que Arabia Saudita y otros países árabes utilicen nuestro dinero del petróleo para financiar las mezquitas y escuelas islámicas para predicar el odio en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, mientras que a nadie en esos países se le permite fundar una escuela en la sinagoga o en iglesia en Arabia Saudita o cualquier otro país árabe para enseñar el amor y la tolerancia.

Estoy cansado de que me digan que debo bajar mi nivel de vida para luchar contra el calentamiento mundial, a pesar que a nadie se le permitió debatir.

Estoy cansado de que me digan que los adictos a las drogas tienen una enfermedad, y que yo debo ayudar a apoyarlos y tratarlos, y pagar por el daño que hacen. ¿Fue esto causado por un germen gigante que salió corriendo de un callejón oscuro, y los agarró, y les hizo meter ese polvo blanco dentro de sus narices o introducirse una aguja en su brazo, mientras trataban de combatir al germen?

Estoy cansado de escuchar ricos deportistas, artistas y políticos de todas partes hablando de errores inocentes, errores estúpidos o errores juveniles, cuando todos sabemos que piensan que su único error fue ser atrapado.

Estoy realmente cansado que la gente no tome responsabilidad por sus vidas y sus acciones. También estoy cansado y harto de ver a los hombres y mujeres jóvenes en la adolescencia y a principios de los 20 llenarse ellos mismos de tatuajes en la cara y rellenarse de hierros, con lo que ellos mismos logran quedarse sin un empleo y así tener que reclamarle dinero al Gobierno.

Sí, estoy malditamente cansado. Pero, también estoy contento de tener 76 (63), porque, mayormente, no voy a tener que ver el mundo que estas personas están haciendo.
Lamento por mi nieta y sus hijos. Gracias a Dios que estoy en el camino de salida y no en el camino entrada.

lunes, 2 de julio de 2012


Mundo extraño mundo 
por Eguinaldo Hélio de Souza

Estamos viviendo una época bastante extraña. Una época en la cual la religión es vista como un mal social y las preferencias sexuales como un derecho inalienable. Lo que yo creo que debe mantenerse bajo llave, en un cofre escondido debajo de mi cama. Y los deseos sexuales de muchos, no importa cuales sean, deben ser respetados como sagrados, por encima de cualquier juicio. En el caso de un choque entre apreciaciones religiosas y preferencias sexuales, estas últimas tienen todas las ventajas y todos los privilegios, sin tener en cuenta el deseo de la mayoría, la opinión de ciudadanos responsables, las tradiciones, la historia, la cultura e incluso la ciencia . Es un mundo extraño.

Recientemente un abogado se quejó por el hecho de que la justicia paulistana (de la ciudad de Sāo Paulo, Brasil) se niega a convertir la unión estable de personas del mismo sexo en matrimonio. Él cree que los jueces actúan "por cuestiones religiosas y personales", y ese tipo de discurso se ha convertido en una poderosa arma retórica en las manos de aquellos que quieren hacer valer su opinión. Alguien que tenga convicciones  religiosas es a menudo acusado de actuar de acuerdo a ellas, sea esto verdad o no. Se aplaude al "orgullo gay", mientras que de forma sutil y sistemáticamente, se intenta sofocar cualquier "orgullo cristiano".

Cuando William Carey llegó a la India se encontró con una práctica inhumana y cruel llamada satí – las viudas eran quemadas sobre la tumba de sus maridos. En la cultura hindú tal práctica era vista como normal y muchas viudas la aceptaban sin rebelarse. Sin embargo, la "visión religiosa" de Carey no le permitía aceptarla como correcta y motivado por su "visión religiosa” logró que dicha práctica fuera abolida. Las viudas de la India agradecen que alguien haya actuado por "cuestiones religiosas".

¿Y qué decir de los sacrificios humanos en México, cuando las víctimas tenían sus corazones arrancados aun estando vivas? ¿Y qué de los infanticidios en todo el mundo? ¿Y qué decir del canibalismo entre muchos pueblos nativos, tan normal como comer un bistec, y que sólo fue eliminado porque millones de misioneros cristianos se opusieron debido a su apreciación "religiosa"? Al contrario de lo que dicen los marxistas la esclavitud,  una institución milenaria en el mundo antiguo, terminó porque un grupo de cristianos movidos por sus "apreciaciones religiosas" presionó al Parlamento británico. Caso desconozcan el hecho, procuren saber quién fue William Wilberforce.

Estamos viviendo en una época donde al dulce se le llama amargo y al amargo se le  llama dulce. Donde la luz se considera oscuridad y la oscuridad, luz. Donde lo bueno es malo y lo malo es bueno. Donde declararse gay es motivo de orgullo, y declararse cristiano es visto como algo vergonzoso. Literalmente, el número de los que encuentran que es bonito ser feo ha estado creciendo de forma impresionante.

Lo más extraño de todo es que ahora ya no se trata de un simple Lot, un hombre temeroso de Dios varado en un mar de sodomitas y gomorritas que no aceptan su estilo de vida y por eso él se siente acorralado. Ahora es un montón de sodomitas y gomorritas que acorralan a un inmenso mar de cristianos, y éstos están obligados a negar sus convicciones ante el mundo, bajo el riesgo de que sean linchados. La mayoría debe callarse porque es cristiana, entonces su opinión no cuenta.

Sin lugar a dudas, las leyes y los tiempos han cambiado. La "transmutación de todos los valores", como quería Nietzsche está en curso. Una nube oscura se proyecta en el horizonte, mucho más oscura que aquella que un día sumergió a Alemania en una barbarie que hasta ahora se lamenta. No es de sorprender que el filósofo medio “loco” vea prevalecer su vaticinio infernal sobre un mundo que rechaza el amor y la luz de Dios. No es difícil imaginar porque "vino el diluvio y los destruyó a todos" (Lucas 17:27).

Mundo extraño mundo.


viernes, 15 de junio de 2012


El ateo y la Biblia por Fábio Blanco

Puedo entender perfectamente, e incluso respetar, su creencia de que la Biblia no es una revelación divina. Después de todo, el creerlo depende un poco de fe, y esto requiere alguna experiencia y comunión con Dios. Sin embargo, negar que sobre sus letras la civilización, en que vive y disfruta,  haya sido edificada raya a la ignorancia.

Negar, sin embargo, su historicidad y  autenticidad se convierte en delincuencia  intelectual. Usted acepta la veracidad de libros mucho menos comprobados por la historia. Algunos incluso, que ni siquiera cuentan con una autenticidad plenamente apurada, son citados por su boca como si fueran los más fidedignos del mundo. Relata  historias basadas en escritos casi apócrifos y son ellos los que le dan orientación sobre lo que usted propone defender.

Tenga en cuenta que casi todos los grandes pensadores de la historia, incluso los no cristianos, tuvieron para con ese libro un gran respeto, lo que demuestra que su actitud hacia la Biblia es algo disonante. Resulta que ellos, como intelectuales que fueron, reconocían en ella una inigualable profundidad existencial. También percibieron que de sus escritos  brotaba un sólido fundamento  para la moral y las relaciones humanas.

¿Es usted ateo? ¿Se jacta de ser un hombre independiente? ¿Afirma que la Biblia es un cuento de hadas que no merece siquiera atención? Entonces, es necesario que sepa que todo esto -la libertad, la presunción, la individualidad- solo es posible gracias a las páginas que usted contradice. Después de todo, ¿qué es el ateísmo sino un subproducto del cristianismo?