miércoles, 11 de noviembre de 2009

¡Se nos viene el 2012!

Por Pablo Santomauro
Un buen amigo que se gana la vida repartiendo botellas de cinco galones de agua a domicilio me comentó que la gente ya está comprando más agua que de costumbre con vistas al cataclismo anunciado para el 21 de diciembre de 2012, fecha que marca el fin de otro ciclo de 394 años del un calendario maya que comenzó en 3114 a.C.
Yo le dije a mi amigo que le preguntara a esta gente qué habían hecho con toda el agua que compraron para sobrevivir la catástrofe del comienzo del año 2000, el famoso Y2K. Personalmente, no veo la necesidad de comprar agua. A juzgar por la película “2012” de Columbia Pictures, habrá abundante agua para todos ya que alrededor de todo el planeta habrá olas gigantes que cubrirán hasta los Himalayas al mejor estilo Al Gore. El mismo film muestra las catedrales del Vaticano derrumbándose y haciendo papilla a los feligreses, un tsunami que en su cresta transporta un portaviones que se estrella contra la Casa Blanca (el sueño de todo musulmán comprometido con su causa), y Los Angeles siendo pulverizado y arrojado al océano Pacífico. Como no podía ser de otra manera, los lambiscones de Columbia Picture no incluyeron ninguna escena donde la Caaba (Kaaba) es destruida por una tormenta de arena o la cueva de bin Laden se desmorona en un terremoto, no sea cosa que los musulmanes se ofendan. Por otro lado, estos serviles no tuvieron ningún problema en mostrar una estatua de Jesús resquebrajándose en medio del cataclismo. Bueno, a lo mejor la razón para no ofender a la “religión de paz” del Islam es que los productores y el director no quieren terminar como el director holandés Theo van Gogh, acuchillado y baleado por un pacífico musulmán mientras paseaba en bicicleta por las calles de Amsterdam.
Como no podía ser de otra manera, muchos son los que están tomando ventaja de la ocasión. De aquí al 2012 se seguirán publicando libros, haciendo películas y vendiendo artículos de primera necesidad, toda una industria. Yo estoy ansioso por ver lo que los sátrapas de TBN y Enlace TV inventarán para quitarle la lana a sus ovejas. Se necesita mucho ingenio para convertir un calendario de una cultura pagana de sanguinarios salvajes en algo que estos pseudocristianos puedan explotar económicamente, pero no dudo que encontrarán la forma.
Claro que las interpretaciones de lo que ocurrirá en 2012 difieren. Unos anuncian el fin del mundo y otros el comienzo de una era de paz, armonía y positivismo. Yo me animo a profetizar que el 21 de diciembre de 2012 millares de personas despertarán a la realidad de que faltan sólo 4 días para Navidad y saldrán desesperados a abarrotar las tiendas para comprar regalos y los consabidos arbolitos.
Mientras llega la fatídica fecha, con seguridad la angustia continuará creciendo. Es en estas situaciones que ser cristiano marca una diferencia fundamental con el resto del mundo. Primero que nada, sabemos que el retorno de Cristo es inminente y puede ocurrir en cualquier momento. Segundo, sabemos que nadie conoce la fecha exacta. Cuando alguien nos da una fecha, de lo único que podemos estar seguros es que la persona está equivocada, además de ser un falso profeta. Tercero, no hay posibilidad ninguna de que Dios le haya revelado una fecha a una civilización de salvajes que con seguridad se hubieran extinguido entre ellos de no ser por la llegada de los españoles, con sus defectos y todo. Cuarto, nos podemos reír de todos los programas de National Geographic, Discovery Channel y otros, con sus documentales barnizados de falsa erudición que reclaman “explorar” los misterios del calendario Maya. Ni qué decir de la murga de astrólogos, adivinos, brujos, videntes, y científicos (que los hay) con sus cálculos y predicciones absurdas. Están buscando el dinero de las masas. Aprovechemos el tiempo para predicar el evangelio y por qué no, el inminente retorno de Cristo a juzgar al mundo. Desafortunadamente, la expectativa de la Segunda Venida de Cristo ha casi desaparecido de los púlpitos, y por ende, del corazón de los cristianos.
En cuanto a los inconversos, alguien dijo que hemos dejado de creer en Dios, pero no hemos dejado de creer en nuestros temores. Nuestro mensaje para el incrédulo que tiembla ante la fecha del 2012 es éste: De no arrepentirse y venir a Cristo en fe, su angustia de ahora palidece ante la angustia que usted sentirá en el infierno de la condenación eterna. Las imágenes allí serán peores que un tsunami global, platos voladores destruyendo a New York con rayos laser, o Hugo Chávez siendo elegido presidente sudamericano.

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