domingo, 8 de noviembre de 2009

Masacre en una base militar causada por un musulmán

Mientras América permanece ciega ante la amenaza latente del Islam y aun no ha despertado a la realidad de que un musulmán no tiene lealtades hacia nada ni nadie que no sea su religión y el odio que ella genera naturalmente, un oficial militar musulmán acaba de matar a 13 y herir a una treintena de sus compañeros de armas en Fort Hood, Texas. Dado el alto número de víctimas, hay quienes sospechan que más de una persona participó en el ataque. Aun si se tratara de un atacante solitario, el atentado tiene todas las características de ser premeditado. Los medios de comunicación, haciendo gala de su ingenuidad y su vena liberal, siguen difundiendo la noción de que la masacre fue el resultado de un hombre que perdió la razón, mientras que ignora olímpicamente la conexión con el Islam. ¡Voila! Mientras escribo estas líneas Fox News reporta que el día anterior, el asesino regaló sus muebles a los vecinos al tiempo que les obsequiaba con copias del Corán.
A medida que las horas pasan se va recabando más información sobre el terrorista de turno, Mayor Nidal Malik Hasán. Varios compañeros del ejército reportan que Hasán venía haciendo numerosos comentarios sobre el derecho de los musulmanes de luchar contra el agresor (los EEUU), su oposición a la presencia de EEUU en Irak y Afganistán y su convicción de que los musulmanes no deberían luchar contra otros musulmanes. Esto explica su disgusto cuando recientemente se le comunicó que había sido designado para desempeñar tareas en Irak.
World Net Daily reporta que un número creciente de musulmanes nacidos en los EEUU ha ingresado a las fuerzas armadas estadounidenses, ya sea como soldados o contratistas civiles, con el objetivo de socavar la institución y ayudar a los terroristas. De acuerdo con un explosivo nuevo libro, Mafia Musulmana: Dentro del Bajo Mundo Secreto que Conspira para Islamizar a América (traducción del inglés), Hasán es solamente la punta del témpano de la Quinta Columna de yihadistas existente dentro de los rangos militares, cuya cúpula es o muy ciega o muy estúpida para no detectar la amenaza.
El libro cita un informe militar reconociendo que esta Quinta Columna ha infiltrado “todas las ramas de las fuerzas armadas”, y hasta el campo de detención de Guantánamo, Cuba. Varios traductores y capellanes árabes han sido detenidos acusados de integrar una red de espías que han ocultado información de inteligencia obtenida de los prisioneros, entregado notas escondidas en las páginas del Corán a los terroristas prisioneros, adiestrado a los prisioneros para promover quejas de abuso físico contra sus interrogadores, y se han contactado con terroristas mientras viajaban alrededor de los EEUU. El reporte militar sugiere firmemente, de acuerdo con el libro, que espías musulmanes han penetrado prácticamente todas las agencias de seguridad del país.
La perspectiva no es alentadora, hay 15.000 musulmanes sirviendo en el ejército americano. Algunos de ellos ya han cometido atentados mortales contra sus compañeros de armas en suelo americano y territorio extranjero. Nadie puede decir que no ha habido señales de aviso. En el caso de Hasán, los antecedentes no pueden ser más evidentes. De acuerdo con el coronel Lee, quien fue entrevistado por la cadena Fox, Hasán se alegró sumamente cuando un musulmán disparó contra dos soldados en una estación de reclutamiento en Little Rock, Arkansas, el verano pasado. Hasán dijo, según Lee, “Quizá deberíamos tener más de este tipo de personas. Quizá tendrían que ponerse chalecos bombas e ir a los centros comerciales de las ciudades”.
A medida que escribo estas notas estoy escuchando las conferencias de prensa de diferentes altos oficiales militares y me asombro ante su negativa de asociar el atentado con la religión del Islam, aun ante las preguntas incisivas de la prensa. Tanta idiotez no puede ser real, pero pensándolo bien se ajusta a la política liberal de no ofender a ningún grupo religioso (con excepción del Cristianismo, por supuesto). ¡Cuán diferente fueron las cosas durante la Segunda Guerra Mundial! El gobierno japonés, como parte de su guerra contra los EEUU, tomó ventaja de la política de “puertas abiertas” de la nación y envió miles de agentes secretos posando de simples inmigrantes. Estos inmigrantes profesaban una devoción fanática hacia el emperador Hiro-Hito y la religión Sintoísta tan intensa como la de aquellos pilotos japoneses conocidos como Kamikaze, o los civiles que se ataban bombas a sus cuerpos y atacaban blancos de guerra americanos. Los americanos eran considerados cristianos y eran objeto de odio. La religión del dios-emperador era superior a la religión del carpintero crucificado.
Mientras que estos japoneses viviendo en los EEUU aparentaban ser gente amable y pacífica, la mayoría de los templos de Sinto en la Unión Americana albergaban células terroristas organizadas por el gobierno de Japón. La libertad de religión fue usada para desarrollar actividades subversivas contra el gobierno americano. El dinero necesario para solventar estas actividades era canalizado a través de ciudadanos americano-japoneses y consorcios del imperio.
¿Cuál fue la reacción del gobierno americano? ¿Acaso declaró que el Sintoísmo era una religión de paz? ¿Que los terroristas habían pervertido y secuestrado el Sintoísmo? ¿Que no se debía discriminar a los pacíficos ciudadanos japoneses? ¿Amenazó con enjuiciar a los ciudadanos americanos que hicieran comentarios negativos acerca del Sinto y sus seguidores? ¡No! El presidente y sus asesores militares comprendieron que la raíz del problema era la religión de los japoneses. Inmediatamente tomaron la decisión de que agentes federales allanaran los templos Sinto, confiscaran todos los registros encontrados, y apresaran a todos los agentes japoneses,
Tantos americano-japoneses estaban involucrados en actividades sediciosas o manifestaban sentimientos antiamericanos que no se dudó un momento en internar a todos los japoneses en campos especiales. Hoy a la distancia es muy fácil criticar estas medidas del gobierno, pero en realidad se hizo lo necesario para proteger las vidas y las propiedades de los habitantes de la nación. Si los japoneses no hubieran sido ubicados en estos campos de concentración, sólo Dios sabe el caos y el horror que pudieron haber causado con sus actos de terrorismo. Al gobierno americano le importó un rábano ofender los sentimientos y el orgullo de los japoneses, e ignoró magistralmente las críticas, protestas y perogrulladas sentimentales de los desubicados liberales, quienes aun hoy son impotentes para combatir la amenaza del terrorismo.
El gobierno americano de hoy ha sido intimidado por los activistas sociales y políticos de la izquierda. Los políticos se acobardan ante las amenazas de las organizaciones civiles musulmanas, que no son más que frentes para encubrir actividades pro-terroristas. Si lo duda, lea los informes de las agencias de inteligencia americana. A pesar de la realidad han decidido no hacer nada mostrando así su incompetencia para proteger a los habitantes y el suelo americano. Las autoridades de inmigración prefieren encarnizarse contra los latinos sin residencia legal y continúan haciendo redadas contra un pueblo hispano que viene a este país a trabajar y encontrar un estilo de vida decente para sus familias. Es más fácil exiliar gente pacífica como los hispanos, mientras se les concede visas a los inmigrantes provenientes de las naciones donde impera la retrógrada religión del Islam.

Por Pablo Santomauro: Centro de Investigaciones Religiosas

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